Me asalta en el pasillo de las consultas.
- ¿Puede verme?¿Puede verme? Vengo sin cita, pero no puedo más.
La Unidad de Dolor crónico, como es lógico, está abierta a este tipo de situaciones.
- Claro, José, dos segundos que termino con la señora que estoy viendo y le paso.
Sé quién es. Y por qué lo tratamos. Poco a poco, voy conociendo a los pacientes habituales de la Unidad. Pero nunca lo he atendido yo.
Se sienta, rápido. Tan rápido que rebota. Y empieza a sacar del maletín tabletas de turrón, una tras otra.
- ¿Lo ve?¿Lo ve? - me pregunta - ¿por qué sólo me saben las cosas dulces?
Tiene una neuralgia del glosofaríngeo de difícil control analgésico. No espera mi respuesta. Fija sus ojos en los míos y me pregunta:
- ¿Qué es una montaña?
¿EEEEEEHHHH? - ¿Una montaña? - pregunto, pensando en qué parte de la conversación me he perdido - eh...esto...pues, un montón de piedras...
- Es una eminencia superior a 700 metros con respecto a su base - dice de carrerilla. Suena así: "unaeminenciasuperiorasetecientosmetros" - ¿Y una estrella?
- ¿Una estrella? - vuelvo a repetir yo, como el eco, totalmente perdida.
- Una estrella es una enorme esfera de gas aislada en el espacio que produce energía en su interior que es transportada a su superficie y, desde allí, irradiada en todas direcciones.
- ¡Ah! - exclamo, desconcertada.
- ¿Lo ve?¿Lo ve? Era el mejor vendedor de enciclopedias de todo el país. El puto amo. Y ahora...¿quién vende nada con este dolor?
Me agarro al término "dolor" como a un clavo ardiendo para meter una pregunta, aunque sea de canto.
- ¿Y cómo está durmiendo, Don José? - poco a poco, voy volviendo a sus síntomas, a cómo ajustarle el tratamiento para controlar esta fase, a qué opciones nos quedan...
Aún, al salir por la puerta, se vuelve y pregunta:
- ¿Qué es el sol?
- Esa me la sé: el sol es la estrella más cercana a la Tierra.
Él sonríe.
- No, el sol es el calorcillo que siento cuando veo que aún me quedan opciones.
No me extraña que vendiera tanto.









