Forrest Gump decía que "la vida es como una caja de bombones. Nunca sabes lo que te va a tocar". Este año, más que como una caja de bombones, ha sido como la paella que prepara mi santo. Al principio, ves como va elaborando el sofrito que va a hilar los sabores: la cebolla de la Crisis (así, con mayúsculas), que tantas lágrimas ha arrancado; el ácido aroma de los tomates de la Gripe A; el tufillo pegajoso del ajo de los chanchulleos políticos y de los fanatismos; el sabor, levemente amargo, de los pimientos porque otro se ha llevado las Olimpiadas... A todo eso, sofrito con el aceite de la vida diaria, añadimos dorados trozos de pollo, tan dorados como el Oscar de Penélope Cruz; delicados pedacitos de gamba, tan deliciosos como los poemas de Benedetti o las canciones de Mercedes Sosa; el azafrán, raro, del premio Nobel de la paz a Obama...y el arroz. Miles y miles de pequeños granos de arroz, de horas de quirófano, de deberes infantiles, de comidas, cenas, desayunos, lavadoras, cuentos, reuniones...en definitiva, miles de horas de pumpuneo. Podemos echarle limón y enmascarar su sabor, viendo sólo el lado ácido de esta paella. O saborear cada bocado, en el recuerdo, con satisfacción, deseando que el 2010 no sea un arroz negro.
Si te ha gustado este post, dame un votito, que me encantaría ir a Nueva York y hacer el curso de la Escuela de Escritores.















