Entre mis muchos defectos, figura el de ser una pésima conductora. Saqué el carnet de conducir a la quinta, con gran sacrificio por parte de mi padre que se pasó dos años dándome prácticas nocturnas. Lo recuerdo agarrado al reposabrazos, frenando en la alfombrilla del pasajero, mientras yo, convertida en el terror del peatón, avanzaba dando acelerones. No se le ponían los pelos de punta porque es calvo (O, para ser más políticamente correctos, en vez de entradas, digamos que tiene un abono de temporada).
Mi santo (que, el año pasado, debido a una fractura de muñeca que tuvo, fue mi pasajero durante casi dos meses) se comportó exactamente igual que mi padre:
- CUIDADO, ESO ERA UN STOP- gritaba, braceando con el yeso.
- ¿Ah, sí? No lo había visto. ¡Qué gracia!- si las miradas matasen habría caído fulminada en ese mismo instante.
- PERO, TÍA, QUE ESE TENÍA PREFERENCIA.
- ¿Seguro?¿Y por qué se ha parado entonces?
- ¿Será porque te has metido en todo el medio?
Como conduzco un Citröen C3, me gritaba:
- Sor Citröen, que eres como Sor Citröen.
Total, que siempre que salimos juntos a algún lado, conduce él. A no ser que sea su día de castaña. Pero entonces le da igual que conduzca Sor Citröen o Sor-bete (UFFF, éste ha sido realmente malo).
De todas formas, digo yo, que esto de ser mal conductor debe de tener algún tipo de base genética. Mi madre, que tan ufana presume de su "volkswanguito" arriba y abajo, conduce bastante peor que yo, que ya es decir. Y mi abuelo materno (en paz descanse), ya, ni te digo. Cuando salía de casa, como era muy religioso, siempre decía "Pon tus manos al volante y conduce tú, Señor". Pues sí, la verdad que era como si condujera Dios mismo. Es decir, alguien que jamás ha pisado una autoescuela. En el asiento del pasajero, oías a los demás conductores gritarle "HIJO DE PUTA", "CABRONAZO". Pero, como estaba sordo como una tapia, él seguía taque-taque-taque tan pancho, sin coscarse de nada, mientras tú te ibas hundiendo cada vez más en el abrigo, no fuera a ser que te relacionaran con semejante elemento.
En fin, vistas las nuevas medidas de control de velocidad puestas por tráfico, aquí, Sor Citröen, tendrá que pisar más el freno y menos el acelerador (Segundo propósito de año nuevo). Aunque mi última multa por exceso de velocidad fue por ¡ir a 70 km/h!










